La divulgación de la ciencia
Maria Emilia Beyer Ruiz / Claudia
Hernández García
La divulgación de la ciencia es una
disciplina que acerca el conocimiento científico a la sociedad en general. En
nuestro país ha sido poco comprendida, a pesar de las décadas de esfuerzo que
le han dedicado los investigadores y las instituciones.
Hace poco más de tres siglos los frutos
de la investigación científica comenzaron a acumularse y constituyeron un
cuerpo sólido de conocimientos que merecían contar con reconocimiento y apoyo
social. La utilidad de los resultados y sus aplicaciones, en muchos casos de
tipo económico, derivó en una imagen de la ciencia que la proyectaba como un
medio para el progreso, en donde el máximo valor del conocimiento científico se
limitaba a la acumulación de los logros obtenidos.
La visión de que la ciencia se convalida
a sí misma gracias a sus esquemas de refutabilidad o aceptación del
conocimiento generado paulatinamente, la convirtió en una actividad que,
aparentemente, no era competencia directa de la sociedad sino de la comunidad
científica como un ente separado. De este modo se visualizó a los científicos,
sus principales actores, como personajes autónomos y hasta cierto punto
independientes de esa misma sociedad. Pareciera que su única responsabilidad
como investigadores consistía en obtener y validar resultados científicos.
Buenas y malas, las implicaciones que
han tenido estas visiones sobre la ciencia y su ejercicio han derivado en un
análisis que recomienda llevar a los científicos a un estado de conciencia de
sí mismos, como integrantes de una sociedad que tiene obligaciones e intereses
propios. Como afirma el sociólogo Robert K. Merton, estas obligaciones morales
hacia la sociedad que la alberga, hacen de la ciencia una actividad intelectual
que, al ser social, comprende entonces un conjunto de normas y de valores.
Los primeros pasos hacia un análisis
sociológico de la ciencia permitieron enfatizar una de sus virtudes
principales: su carácter de universalidad. También se valoró la objetividad
como una característica primordial del quehacer científico, tanto la aceptación
como el rechazo de los resultados debían partir de criterios impersonales. De
acuerdo con esta premisa, el avance del conocimiento científico no podía estar
supeditado a la raza, nacionalidad, religión, clase o cualidades personales de
los científicos. La falta de competencia es el único criterio que debe
considerarse como una traba en la carrera científica y dar importancia a
cualquier otra característica sólo perjudicaría el avance del conocimiento. El
apoyo que científicos de diversas nacionalidades dieron a estas normas
convirtió a la ciencia en una disciplina internacional, impersonal y
prácticamente anónima.
El carácter de universalidad es uno de
los principios fundamentales de la democracia, entendida como la eliminación de
las restricciones a la puesta en práctica y el desarrollo de actividades
relacionadas con un cierto valor social. Sin embargo, en cuanto al acceso a la
información, la universalidad del conocimiento científico se afirmaba
contundentemente en la teoría pero se ignoraba en la práctica. Los científicos
de los siglos xx y xxi conforman una elite que no siempre reconoce la necesidad
de compartir los conocimientos generados con la sociedad en general. Desde el
punto de vista intelectual, aquéllos considerados “no aptos” para comprender a
la ciencia son simple y sistemáticamente excluidos de sus procesos. No existe,
por lo tanto, una práctica democrática en cuanto al acceso al conocimiento
científico.
La subsistencia de estos vicios de
exclusión no podía sino considerarse como un obstáculo en el camino de la
democratización del conocimiento porque una institución que forma parte del
dominio público, se reconozca ésta como tal o no, necesariamente debe comunicar
sus procesos y hallazgos.
La preocupación sobre la existencia de
esta separación entre la comunidad científica y el resto de la sociedad tiene
un punto de partida señalado en la denuncia que hace Charles Percy Snow en su
libro Las
dos culturas, publicado en 1959. En el libro, Snow enfatiza la
necesidad urgente de reestablecer ligas entre la comunidad científica y la
comunidad humanista, y reconoce a los humanistas como a los profesionales de
las ciencias sociales y de las artes. Los postulados de Snow abogan por una
visión más amplia tanto de la ciencia como de la cultura, en la que la
definición de ciencia incluya a las humanidades y la definición de cultura
incluya a la ciencia.
Tras décadas de escisión entre las
ciencias y las humanidades, se considera que el primer paso hacia la promoción
de igualdad de oportunidades es permitir el acceso al conocimiento a todo el
público no especializado o público lego. Dada la complejidad del conocimiento
científico, el acceso no consiste simplemente en abrir los archivos y esperar a
que en un vago intento por comprender, el público se acerque a las
instituciones que hacen ciencia. Es necesario contar con puentes y estrategias
institucionales que faciliten este acercamiento. A partir de este
reconocimiento es que comienza el trabajo de la divulgación de la ciencia.
Socializar la ciencia
Sobran los discursos con tintes
políticos que anuncian la imperiosa necesidad de abatir el llamado
analfabetismo científico. Sin embargo, para mejorar el apropiamiento social de
la ciencia en México se requiere de esfuerzos desde múltiples fronteras como la
educación, la información masiva que anuncie diversos aspectos sobre la ciencia
que se hace en nuestro país, el fomento de la vocación científica en los
jóvenes estudiantes y la apertura de espacios de comunicación que traten
temáticas científicas con un lenguaje claro y comprensible para un público
lego. La lucha contra el analfabetismo científico no es, por tanto,
responsabilidad exclusiva de la comunidad científica.
Aunque muchos son los países del mundo
que resaltan la necesidad de implementar puentes que conecten al saber
científico con el acervo intelectual de un ciudadano, esta tarea cobra mayor
importancia en un país como México en donde se calcula que existe apenas un
científico por cada 8 000 habitantes. La brecha entre la comunidad científica y
la sociedad, que resulta de la poca comprensión que se tiene sobre el quehacer
científico, no sólo se ve reflejada en la mínima cantidad de profesionales
dedicados a la ciencia, sino también se manifiesta en el desconocimiento y el
desinterés por la ciencia nacional. México desarrolla importantes líneas de
investigación científica y muchas de ellas brindan aplicaciones directas para
el bienestar de la población. Incluso aquéllas que en un principio parecen
alejadas de nuestra vida cotidiana constituyen un cuerpo de conocimientos que
debería integrarse a la cultura general de la ciudadanía.
Si consideramos el concepto de cultura
como el conjunto de prácticas sociales e intelectuales sujetas a normas y
valores, así como a sus productos, el término cultura científica consta
de tres puntos principales: 1) Lo
que la gente sabe de la ciencia, o prácticas intelectuales basadas en elementos
objetivos. 2) Las ideas preconcebidas que tiene
sobre la ciencia, o prácticas intelectuales basadas en elementos subjetivos. 3) Las actitudes tanto positivas como
negativas que la población adopta hacia la ciencia, o prácticas sociales.
Bajo la perspectiva de Robert K.
Merton, la universalidad y la objetividad del conocimiento científico favorecen
que la sociedad incorpore un razonamiento crítico hacia las estrategias para la
resolución de problemas o de toma y evaluación de decisiones en una nación. De
aquí se desprende la importancia que tiene la promoción de una cultura
científica en la población de cualquier país del mundo.
La responsabilidad del primer punto, lo
que la gente sabe de ciencia, recae en la instrucción pública y la enseñanza
formal de las ciencias. Entendemos a la enseñanza formal como aquélla que está
escolarizada y tiene un sistema jerárquico entre los participantes por ejemplo,
el maestro y sus alumnos. Sin embargo, la divulgación de la ciencia tiene
entrada en éste y en todos los ámbitos anteriormente señalados pues su acción
no se restringe a los años escolares de un individuo, su campo es mucho más
amplio en cuanto a rangos de edad, metodologías y medios para la transmisión
del conocimiento.
La divulgación de la ciencia se anuncia
como uno de los promotores fundamentales para incrementar la cultura científica
de un país. Esta disciplina tiene a su favor una plasticidad que le permite
adaptarse a los tiempos y a los distintos grupos sociales que forman parte de esa
difusa masa llamada “público no especializado”. Dicha plasticidad se manifiesta
en la multiplicidad de objetivos que tiene la divulgación científica, pues
mientras algunos autores señalan que su tarea fundamental es el apoyo a la
enseñanza de las ciencias, otros anuncian que la misión principal es el
incremento de vocación científica mediante mensajes atractivos derivados de la
ciencia. Algunos autores mencionan que no se puede despreciar el objetivo de
favorecer una sana diversión contextualizando los procesos que componen a la
ciencia, para que la población aprecie esta actividad como un ejercicio humano,
social e incluso divertido. Por otro lado, también encontramos autores que
argumentan que la divulgación científica tiene como función principal la democratización
del conocimiento para favorecer la existencia de un ciudadano con la capacidad
de expresar opiniones fundamentadas en la comprensión pública de la ciencia y
la tecnología inherentes a las sociedades contemporáneas.
Para lograr esta aparente utopía
socializadora que favorece la democratización del conocimiento científico, el
divulgador enfrenta de manera inmediata dos problemas.
El primero es que se ve enfrentado a
los altos niveles de abstracción y a la complejidad de los términos que forman
parte del lenguaje de la ciencia.
El segundo problema consiste en que, a
pesar de valiosos esfuerzos, la población evade al conocimiento científico por
considerarlo aburrido, inútil o complicado de entender. La sociedad en su
conjunto no considera que el conocimiento científico deba formar parte de su
cultura general y, al mismo tiempo, son pocos los científicos interesados en
integrar la ciencia a la cultura. Favorecer que la sociedad se apropie del
conocimiento científico es una labor que demanda tiempo, ejercicio intelectual
y esfuerzos que desafortunadamente no se remuneran adecuadamente dentro del
complicado sistema de la política científica nacional. De aquí se desprende un
escaso interés por parte de la comunidad científica para ejercer la divulgación
eficiente y permanentemente.
Entonces, ¿cómo integrar o reintegrar
el conocimiento científico a la sociedad? Es aquí cuando aparece la figura del
divulgador de la ciencia. Con anterioridad se ha discutido a quién le
corresponde ocupar el puesto del divulgador, ¿al investigador científico, que
es quien genera la materia prima a partir de la cual se hace la divulgación?,
¿al maestro de ciencias, que es quien tiene al público cautivo en la figura del
estudiantado?, ¿al periodista, que tiene al alcance un medio masivo de
comunicación y es quien realiza la entrevista al científico?
Éste es el foro para hacer un llamado a
la acción, pues la importancia no radica en quién
haga la divulgación de la ciencia, sino en que se haga y se haga bien. Como
resultado de la difusa caracterización del personaje conocido como divulgador
de la ciencia, la propia Academia Mexicana de Ciencias (amc) propone líneas de
acción que cubren diferentes objetivos de la divulgación e invitan a distintos
sectores profesionales para cumplirlos. Así, cuando se trata de enfatizar la
importancia que tiene la investigación científica en la sociedad mexicana, la
revista Ciencia,
publicada por la academia invita exclusivamente a los científicos reconocidos
para compartir “en un tono sencillo, pero no coloquial” los frutos de su
investigación. En cambio, cuando el objetivo central estriba en apoyar la
enseñanza de las ciencias, la amc ha diseñado un diplomado titulado “La ciencia
en tu escuela” que pretende la actualización en materia del conocimiento
científico de los profesores de nivel primaria y de nivel secundaria. Para
inicios del año 2007, este diplomado había actualizado a 3 500 profesores. Si
se trata de transmitir mensajes científicos a través de los medios masivos de
comunicación, la academia cuenta desde el año 2004 con los Seminarios de
Periodismo Científico en los que se pretende capacitar al investigador en
técnicas de comunicación y al comunicador en materia de ciencia.
La Academia Mexicana de Ciencias tiene
una Coordinación de Comunicación y Divulgación que aloja diversos proyectos que
pretenden fomentar el acercamiento de la comunidad científica con la sociedad
mexicana, como el proyecto Domingos en la ciencia originado en 1982,y que a la
fecha ha brindado poco más de 5 000 conferencias; los programas Biotecnología y
sociedad, Ciencia y género, y la publicación de la revista Ciencia.
¿Quién es el divulgador de la ciencia?
A pesar de que el divulgador parece un
personaje elusivo, se debe reconocer que la divulgación de la ciencia es en sí
misma una disciplina con una estructura definida y que requiere de ciertas
habilidades por parte del que hace la divulgación, ya que se utiliza al
conocimiento científico como materia prima y a partir de éste, se recrea, es
decir, se vuelve a crear la información para facilitar la transmisión de un
mensaje derivado de la ciencia hacia un público no especializado. Esta
transición no es una simple traducción ni una simplificación burda de la
terminología científica. Es, en cambio, una demostración de habilidades
intelectuales que invitan a un sector de la sociedad con interés escaso o nulo
en la ciencia, para que adquiera mediante la divulgación elementos que
incrementen su cultura y, en casos ideales, favorezcan en el público no
especializado una necesaria apreciación de la actividad científica.
Para fomentar la anunciada
“universalidad del conocimiento científico” cada nación recurre a diferentes
estrategias educativas para abatir el analfabetismo de la población con
respecto a la ciencia. De aquí se desprende que cada país tiene objetivos y
planes de acción distintos en materia de comunicación científica.
En el caso de México existe una
comunidad de divulgadores comprometidos que, desde hace décadas trabajan en
instituciones civiles o educativas con los criterios brindados por Ana María
Sánchez que define este quehacer como sigue: “La divulgación de la ciencia es
una labor multidisciplinaria cuyo objetivo es comunicar el conocimiento
científico a diversos públicos voluntarios, recreando ese conocimiento
científico con fidelidad y contextualizándolo para hacerlo accesible y para
lograrlo utiliza una diversidad de medios”.
El divulgador de la ciencia enfrenta un
camino difícil con un amplísimo campo de acción, tan amplio como las numerosas
ramas de la ciencia. Así, es común que el divulgador se vea en la necesidad de
seleccionar el área de la ciencia sobre la que va a trabajar, del mismo modo
que un científico tiende a especializarse en alguna rama del conocimiento.
Es competencia del divulgador el manejo
de estrategias para transmitir la información científica a través de distintos
medios de comunicación, de preferencia masivos: la radio, la prensa, la
televisión, las exhibiciones en museos de ciencia, las publicaciones como
boletines y revistas. La figura denominada divulgador de la ciencia, debe
reunir en sí misma un acervo de conocimiento científico importante y un
conjunto de habilidades para nutrir de manera eficiente los procesos de
comunicación de dicho acervo.
Sobre el proceso de comunicación de la
ciencia
Se había aclarado el perfil de los
divulgadores como enlace entre la comunidad científica y la sociedad, pero aún
faltaba establecer cómo debía llevarse a cabo esta labor. La primera estrategia
que se utilizó en este proceso de socialización de la ciencia fue la propuesta
teórica que Bruce Lewenstein llamó “modelo de déficit”. La premisa básica de
esta propuesta, es que la población tiene carencia de conocimientos científicos
y es tarea del divulgador ofrecerle la información necesaria para que adquiera
todo lo que “tiene que saber” para no ser excluido de la ciencia. En este
modelo, de manera implícita, la ciencia es considerada superior a cualquier
otra forma de conocimiento por ser la única representación válida del mundo y
su divulgación se restringe principalmente a la comunicación de sus resultados.
La simple curiosidad o las necesidades de conocimiento del público suelen no
ser consideradas, así que el mensaje llega desprovisto de un contexto y, por lo
tanto, en muchos casos carece de significado. El modelo de déficit tampoco
contempla un proceso de retroalimentación que permita medir el impacto de la
labor de divulgación. Así, el público recibe la información y no tiene la
opción de preguntar o cuestionar lo que se le hace llegar.
Un segundo modelo es el llamado modelo
contextual, que en cierta medida subsana estas deficiencias. La divulgación que
se hace con este enfoque, toma en consideración el contexto social y las
experiencias previas del público, y reconoce que todas estas variables juegan
un papel importante en el proceso de interpretación del mensaje. Si bien estas
consideraciones representan herramientas útiles en la construcción de un
discurso divulgativo más significativo, este modelo no es más que una versión
modificada del modelo de déficit que toma en cuenta el contexto del público,
pero éste sigue sin ocupar el lugar de un verdadero interlocutor y su
aceptación de la ciencia continúa siendo pasiva.
Divulgar el conocimiento científico en
una sociedad que se pretenda participativa y democrática implica el
establecimiento de un sistema de comunicación tripartita, que incluya la
generación de información desde la comunidad científica, primer emisor; la participación
del divulgador de la ciencia, segundo emisor o interfaz dentro del sistema; y
la intervención final del público no especializado en la rama de la ciencia que
se pretende divulgar, receptor del mensaje.
En un modelo de divulgación de la ciencia
que se pretenda dinámico se necesita implementar una serie de estrategias que
favorezcan una comunicación de dos vías. Así, el divulgador emite información
que el público recibe, primera vía, para que una vez recibido el mensaje toque
el turno a la sociedad ser la emisora de una opinión, segunda vía. Se establece
así lo que Lourdes Berruecos denomina el contrato de la divulgación. En este
contrato se establece que el divulgador es el emisor del mensaje sobre ciencia,
siempre y cuando conozca más sobre ésta que su interlocutor. La divulgación se
hace en cascada, es decir, en una transmisión vertical y no horizontal de la
información. El receptor de la información es un sector poblacional que no está
especializado en la materia científica sobre la que el divulgador trabaja, pues
de otro modo los objetivos de la divulgación, como el incremento de la cultura
científica o el fomento de vocaciones, no se cumplirían.
En oposición al modelo vertical de
comunicación de la ciencia, Lewenstein propone un tercer modelo en el que se
abandona la visión positivista de la ciencia y se promueve una divulgación
desde una perspectiva más horizontal, el modelo de participación pública. El
objetivo de la divulgación a partir de este modelo, es que la ciencia se
democratice por medio de diversas estrategias como los foros de discusión, los
cuestionarios, las asambleas de consenso y los juicios ciudadanos. Este modelo
tiene una visión más completa y actualizada de la ciencia, pero no carece de
puntos débiles ya que está más enfocado al proceso de construcción de la
ciencia que a la generación del conocimiento científico per se.
Para la divulgación de la ciencia, los
procesos científicos no están sujetos a opiniones subjetivas. No compete a la
divulgación analizar el quehacer de la investigación científica, en todo caso,
sería una tarea para el filósofo de la ciencia. Sí es importante para el
divulgador, en cambio, conocer qué opina el público sobre aquello que se
divulga. Cada medio de comunicación tiene competencias y plasticidades
distintas para favorecer un modelo dinámico de divulgación; de aquí se
desprende, por ejemplo, que las estrategias más socorridas en las revistas de
divulgación para conocer las inquietudes del público son las secciones de foros
abiertos que funcionan mediante cartas o correos electrónicos; en los programas
de radio se favorece la interacción directa con el público mediante las
llamadas telefónicas; las conferencias de divulgación ofrecen espacios para
preguntas y respuestas, mientras que en los museos de ciencia es común recurrir
a los cuestionarios que permiten evaluar qué tanto comprendió el público de los
mensajes que allí se exhiben.
El término “público” se refiere a la
ciudadanía en general, que incluye a los funcionarios públicos y a los
empresarios. En una sociedad democrática impregnada de ciencia y tecnología,
todos ellos son actores que sancionan positiva o negativamente el gasto público
para la ciencia y su divulgación. Sobra decir que los apoyos para la
divulgación de la ciencia son muy escasos en este país, y no es de extrañar,
que en México es la propia comunidad científica la que pugna por obtener
mejores apoyos económicos y valoración social.
Las instituciones y sus compromisos
En nuestro país existen dos tipos de
organizaciones comprometidas con la divulgación de la ciencia: las asociaciones
civiles y las instituciones educativas.
La Sociedad Mexicana para la
Divulgación de la Ciencia y la Técnica Somedicyt, se fundó el 12 de diciembre
de 1986. Se trata de una asociación civil de carácter primordialmente académico
cuyo principal objetivo ha sido establecer vínculos entre los investigadores,
la docencia, la industria y la ciudadanía en general. Agrupa a científicos y
divulgadores de distintas regiones del país comprometidos con el desarrollo y
puesta en práctica de proyectos encaminados a promover y difundir el
conocimiento científico y tecnológico a través de distintos medios de
comunicación. Actualmente está formada por 13 socios institucionales, 122
socios titulares, 10 socios regulares, todos ellos ubicados en distintos
estados de la república; y dos delegaciones regionales: la delegación Puebla y
la delegación Sonora. Uno de los requisitos para formar parte de la Somedicyt es
ser una persona o una institución con una labor reconocida dentro de la
divulgación científica y técnica en México. Es decir, los miembros no son
divulgadores en formación, sino divulgadores con una trayectoria reconocida
para el gremio.
Los miembros de la Somedicyt se han
propuesto hacer llegar el conocimiento científico a tantos sectores de la
población como sea posible a través de cursos, exposiciones, talleres para
niños, jóvenes y maestros, programas de radio, publicaciones, ciclos de
conferencias y asesorías especializadas en diversos campos relacionados con la
divulgación de la ciencia. Pero también se ocupan por entender, analizar y
prever el impacto que estas actividades tienen en la sociedad. Este trabajo de
investigación en el campo de la divulgación de la ciencia y temas afines
constituye un argumento fundamental en el proceso de exigencia de
reconocimiento. Uno de los estatutos más destacados de la sociedad es conseguir
que la divulgación del conocimiento científico y tecnológico se valore como una
actividad totalmente académica y que el trabajo de los divulgadores se
reconozca a la par que el de los investigadores y los docentes. Esta no es una
preocupación trivial, ya que como señala José Antonio Chamizo, ex director
general de Divulgación Científica de la unam, en México
…a diferencia de la investigación, la
docencia y la divulgación no se saben evaluar, o si se sabe no se quiere
hacerlo de manera sistemática, como se hace con la producción del conocimiento.
Por ello la actividad académica se ha reducido a la investigación, al extremo
de que ésta es la función que predominantemente se evalúa en los premios
inclusive los de docencia, los estímulos e incluso las promociones que se
otorgan en la unam. La docencia y la divulgación se encuentran en un círculo
vicioso: vistos desde la investigación, sus aparentemente pobres resultados
generan una baja valoración y su baja valoración produce resultados pobres.
Realizar como actividad principal docencia o divulgación se entiende como haber
sido incapaz de dedicarse con éxito a la investigación.
En cuanto a la formación de una
comunidad nutrida, la Somedicyt convoca anualmente a sus miembros a reunirse
para intercambiar experiencias y evaluar los trabajos realizados en torno a la
divulgación. La mayoría de estas reuniones se realizan en el interior de la
república con el fin de llevar la labor de divulgación de la ciencia a los
lugares en los que aún no se constituye como una disciplina. En estos espacios
también se anuncian y se entregan los máximos reconocimientos otorgados por
esta sociedad: el Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia en memoria de
Alejandra Jaidar y el Premio Miguel Ángel Herrera para jóvenes divulgadores.
Otra institución cabalmente consolidada
es la Asociación Mexicana de Museos y Centros de Ciencia y Tecnología (Ammccyt).
Esta asociación también es de carácter civil, pero a diferencia de la Somedicyt
está dedicada a analizar sólo uno de los medios para la divulgación de la
ciencia: el museo. La Ammccyt se creó el 15 de julio de 1996 y actualmente está
conformada por 24 museos y centros de ciencia de 17 entidades federativas
mexicanas. Tiene como uno de sus objetivos principales el procurar que sus
museos asociados se conserven como espacios de divulgación de la ciencia y la
tecnología para inculcar una cultura científica en la población.
Desde 1998, la Ammccyt convoca a sus
miembros a una reunión anual en la que se discuten diversos aspectos de la
labor divulgativa dentro de los museos y centros de ciencia del país. Es un
foro que la asociación provee para favorecer el desarrollo profesional de sus
integrantes, y para compartir materiales y propuestas de solución a problemas
comunes. Las temáticas de estas reuniones cambian cada año y todas están
relacionadas con el impacto que tiene en la sociedad el trabajo de los museos
de ciencia. Dentro de los temas de discusión de las reuniones, se discute
también la viabilidad de las nuevas técnicas en museología y museografía,
consideradas desde un punto de vista local.
Las dos instituciones educativas con
más presencia en el país, la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) y
el Instituto Politécnico Nacional (ipn), también se han sumado a este esfuerzo
colectivo por hacer llegar la ciencia a tantos lugares y personas como sea
posible.
La UNAM cuenta con la Dirección General
de Divulgación de la Ciencia, DGDC. Esta instancia universitaria depende de la
Coordinación de la Investigación Científica y tiene un Consejo Asesor de
Divulgación de la Ciencia, conformado por el rector, los coordinadores de la
investigación científica, de las humanidades y de difusión cultural, y otros
tres universitarios designados por el rector cuya función es coadyuvar en la
planeación y la evaluación de sus actividades.
La dgdc tiene como principal objetivo
fomentar activamente la extensión de la cultura científica a través de la
promoción, la organización y la realización de actividades de divulgación de la
ciencia, con especial énfasis en la investigación científica que se genera en
la UNAM.
Los principales tres proyectos de la
DGDC para divulgar la ciencia son: el Museo de las Ciencias Universum, el Museo
de la Luz y la revista ¿Cómo ves?
Los orígenes de Universum datan de
1989, cuando el doctor Jorge Flores convocó a un equipo de universitarios de
distintas disciplinas con el objetivo de crear un museo de ciencias. El
esfuerzo de este equipo multidisciplinario se vio reflejado en diversas
exposiciones itinerantes que a partir del 12 de diciembre de 1992 conformaron
las salas del Museo de las Ciencias Universum. Este museo es una de las sedes
principales para las conferencias de divulgación del programa Domingos en la
ciencia que promueve la Academia Mexicana de Ciencias. A la fecha, Universum ha
recibido más de 8 millones de visitantes.
El Museo de la Luz es un proyecto cuyo
objetivo es mostrar el trabajo universitario fuera del campus. En pleno centro
histórico de la ciudad de México, el museo se inauguró el 18 de noviembre de
1996. Se trata de un espacio que tiene la misión principal de divulgar los
conceptos relacionados con la luz, y bajo este lineamiento se elaboró un guión
monotemático. El hilo conductor dentro del museo es la luz, a través de las
distintas disciplinas de la ciencia. Es un ejercicio novedoso para la
transmisión del conocimiento científico a través de los museos tanto en México
como en el resto del mundo.
La tercera gran campaña que emprendió
la dgdc para llevar la ciencia a la población mexicana es la revista ¿Cómo ves? Esta publicación aborda diversas
temáticas de especial interés para los jóvenes. Ya que también está pensada
como un apoyo para la educación formal en ciencias, en cada número se incluye
una guía de apoyo para los profesores relacionada con el tema del artículo
principal. Estas guías son propuestas y desarrolladas con la supervisión de especialistas
en el tema. A pesar de haber sido concebida como un proyecto de divulgación
para nuestro país, actualmente ¿Cómo ves? se
exporta a Estados Unidos, a algunos países de América Latina y España.
El Instituto Politécnico Nacional por
su parte, cuenta con el Centro de Difusión de Ciencia y Tecnología (Cedicyt).
Fundado en el año 2000, el Cedicyt tiene como objetivo la extensión y la
difusión del trabajo en ciencia y tecnología que se lleva a cabo en el ipn, con
el fin de promover el conocimiento científico y el reconocimiento de la ciencia
como parte de la cultura.
Los principales proyectos del Cedicyt
son: el Planetario Luis Enrique Erro y la revista Conversus.
El Planetario Luis Enrique Erro recibe
dicho nombre como un homenaje a este destacado científico mexicano. Su
principal función es promover la enseñanza de la astronomía utilizando un
sistema de proyección de alta tecnología. En un esfuerzo por ampliar la cultura
científica de la población, el planetario produce y exhibe programas
audiovisuales que muestran las investigaciones astronómicas nacionales y
extranjeras. También ha desarrollado convenios de colaboración con otros
planetarios del mundo con la idea de intercambiar conocimientos y experiencias
alrededor del estudio y la divulgación de temas relacionados con el universo.
El planetario funciona como sede para las conferencias de divulgación del
programa Sábados en la Ciencia, que organiza la AMC.
Con un corte de tipo más periodístico,
la revista Conversus muestra tanto el aspecto científico
como el cultural y humanístico del ipn con el fin de formar vocaciones
científicas. Las secciones que conforman la revista procuran describir las
diversas etapas del proceso de la investigación científica y el desarrollo
tecnológico. Es de periodicidad mensual y circula nacionalmente. La revista
encuentra sus orígenes en una publicación anterior del ipn,Investigación
Hoy.
Nuevas tendencias en la transmisión del
pensamiento científico
La divulgación de la ciencia se realiza
a través de muy diversas actividades, entre otras: exposiciones, talleres,
conferencias, videos, publicaciones, juegos interactivos tipo multimedia. En la
última década los planetarios, los museos y los centros de ciencia se han
convertido en el lugar preferencial para establecer una comunicación directa
con el público general. Estos espacios proporcionan la ventaja de albergar
todas las actividades de divulgación bajo el mismo techo. Así, la población
puede obtener en una misma visita mensajes sobre la ciencia a través de
múltiples formatos.
En particular, los museos mexicanos de
ciencias se han caracterizado por la introducción de una museografía
interactiva, en oposición a las museografías estáticas que prevalecen en los
museos de arte, nacionales e internacionales.
Los museos de ciencia actuales
comunican los conceptos por medio de la participación activa de sus visitantes
a través de la interactividad motriz, como mover palancas o apretar botones; la
interactividad intelectual, la posibilidad de interactuar con los guías de las
salas; y la interactividad emocional, que es el fomento de sensaciones
diversas, expresión de opiniones subjetivas, creencias.
Este abanico de posibilidades para la
interacción y el acercamiento a los conceptos científicos que se explican en el
museo permite que tanto el divulgador como el público establezcan una
comunicación apoyada en los tres modelos de divulgación de la ciencia
propuestos por Lewenstein, aunque sea de manera inconsciente. El museo provee a
la divulgación con una plasticidad particular para experimentar nuevos modelos
de transmisión del conocimiento científico. Los museos son, por tanto, una
excelente herramienta didáctica que es ampliamente reconocida y valorada por los
divulgadores, la comunidad científica y la sociedad en general. En el caso de
México, los museos de ciencia han logrado establecer convenios de colaboración
con instancias como la Secretaría de Educación Pública para promover la visita
de los estudiantes de educación básica. Por otra parte, el ingreso de
estudiantes de educación superior a estos espacios está medianamente
garantizado, dado que varios museos mexicanos dependen de las universidades.
La posibilidad que tiene el público de
los museos de participar en el proceso de comunicación les permite percatarse
de que la ciencia se construye de manera interdisciplinaria y que es incluyente
y plural.
Los primeros museos del mundo
desarrollaron su curaduría con una visión positivista de la ciencia, orientando
las colecciones a mostrar los resultados de una ciencia universal. Es por tanto
muy interesante destacar que los países latinoamericanos, con una producción de
ciencia muy inferior a la de los países desarrollados, iniciaron nuevas
tendencias museológicas que favorecen la comprensión y la valoración de la
ciencia generada regional y localmente. En la actualidad los museos de ciencia
latinoamericanos bajo la batuta de México y Brasil promueven la idea de dotar a
la ciencia global de un contexto local que incluya aspectos culturales y
étnicos para remitir a los visitantes a una cierta identidad. Es así que surge
la tendencia de la globalidad en la divulgación de la ciencia: comunicar la
ciencia global buscando ligas con lo que le interesa en particular a la
comunidad local.
Los museos creados a partir de un
modelo de globalidad exhiben la ciencia que se hace en el mundo, pero enfatizan
la investigación científica que se hace en el país. Estos museos deben prestar
especial atención a los intereses particulares de la comunidad a la que están
dirigidos y para ello es importante que realmente conozcan al público meta. El
divulgador que trabaja en este tipo de museos debe seleccionar los temas que
tienen mayor relevancia social y utilizar las estrategias de comunicación que
mejor se adapten a esos intereses. El visitante se convierte en un interlocutor
potencial, pues la labor de divulgación se transforma en un intercambio de
saberes basado en la equidad y la tolerancia, desde el marco teórico del
fenómeno científico que se transmite.
El primer gran proyecto desarrollado
bajo esta perspectiva de globalidad en nuestro país fue el Museo Chiapas de
Ciencia y Tecnología (Much), inaugurado el 21 de octubre de 2007 en Tuxtla
Gutiérrez. Su ubicación física constituye en sí una razón de aceptación para la
comunidad, pues se erigió sobre lo que fuera la cárcel de Cerro Hueco. Para
desarrollar este proyecto, fue necesario tomar en cuenta el contexto social,
económico, educativo y cultural de la población chiapaneca.
Los retos de la divulgación: evaluación
y consolidación profesional
En una sociedad que se pretende
democrática como la mexicana, la necesidad de socializar el conocimiento
científico se convierte en una labor fundamental. Sin embargo, aún no se
reconoce el valor que la divulgación de la ciencia juega en este proceso. Los divulgadores
aún dedican una parte muy considerable de su tiempo en tratar de convencer a la
sociedad y a las instituciones de que su labor es importante y que debe ser
valorada y evaluada justamente.
Uno de los principales problemas que
enfrenta un potencial divulgador es la falta de procesos educativos orientados
a facilitar la capacitación profesional para desarrollar eficientemente esta
labor. En México no existe una licenciatura en comunicación de la ciencia; por
ese motivo, el divulgador se acerca a esta disciplina desde el estudio de la
ciencia misma, o desde los estudios profesionales de la comunicación. Para
fomentar una formación adecuada de los divulgadores, la dgdc inició el
Diplomado en Divulgación de la ciencia en 1995. Este esfuerzo, que se continúa
hasta hoy, ha fortalecido al gremio de los divulgadores nacionales mediante la
formación de casi 200 personas que se han incorporado al quehacer divulgativo
con herramientas proporcionadas durante el diplomado que involucran estudios
sociales de la ciencia, metodologías de comunicación en radio y textos escritos
y talleres de creatividad, entre otros.
Derivado del éxito del diplomado, la
dgdc en colaboración con el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la unam
inaugura en el año 2003 la maestría en Filosofía de la Ciencia con especialidad
en comunicación científica. Una maestría con esta orientación también se
imparte en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente
(iteso), de Guadalajara, Jal. Aunque paulatinamente, las instituciones de
educación superior de México comienzan a ofrecer posibilidades de
profesionalización para el divulgador de la ciencia.
La evaluación interesa al gremio de los
divulgadores mexicanos porque brinda la posibilidad de establecer criterios
estandarizados para decidir contrataciones, salarios, promociones y estímulos.
Anteriormente se recomendó resolver este problema utilizando los criterios de
evaluación de la investigación para analizar el trabajo de los divulgadores.
Sin embargo, la divulgación de la ciencia es una actividad que se lleva a cabo
a la par de la investigación, pero sus objetivos y productos son diferentes a
los de los investigadores.
Recordemos que el principal objetivo de
la divulgación es establecer puentes entre los científicos y la sociedad de la
que son parte con el propósito de mantener a la ciudadanía informada sobre la
investigación científica. Si los propósitos y los resultados son diferentes,
¿por qué los criterios de evaluación tendrían que ser los mismos?
Homologar a la investigación y a la
divulgación en cuanto a criterios de evaluación ha resultado dañino para esta
última. El divulgador se ve obligado a cuadrar su actividad dentro de un
esquema que no considera todos los aspectos de su quehacer y parece, entonces,
que está dentro de un disfraz mal diseñado.
La evaluación de un producto de
divulgación es compleja porque no basta con medir la calidad del contenido
científico y también importan los aspectos sociales, como el impacto que la
información tenga en el público meta.
Aun si consideramos que los propósitos,
los productos y los actores de la investigación y la divulgación son
completamente distintos, un primer reto para el futuro de la divulgación de la
ciencia es lograr establecer criterios propios de evaluación que sean revisados
por los propios divulgadores y no por los investigadores. La principal
propuesta que se ha hecho a este respecto es que se formen comisiones
dictaminadoras cuyos miembros sean sensibles al trabajo de la divulgación para
que además de considerar la preparación académica de los divulgadores, la
cantidad y la calidad de los productos, se evalúe el contenido que se divulga,
cómo se divulga y cómo se emplea el medio que se ha escogido para su
divulgación.
La complejidad de la evaluación de la
divulgación de la ciencia no es exclusiva de México. En noviembre del año 2006
se reunieron representantes de 9 países iberoamericanos en las Primeras
Jornadas Iberoamericanas sobre Criterios de Evaluación de Comunicación de la
ciencia. Las intensas jornadas de trabajo dieron como resultado un documento
titulado “La carta de Cartagena de Indias”. Los países firmantes se comprometen
a homologar metodologías de trabajo y validación de resultados con el fin de
proponer un conjunto de indicadores que permita realizar una evaluación
eficiente de los productos de divulgación de la ciencia en países de habla
hispana.
Conclusiones
Si bien es cierto que los divulgadores
de la ciencia en México comienzan a consolidarse como un gremio creciente, con
la formación de espacios institucionales para su ejercicio, este quehacer
requiere de más apoyos sólidos de carácter económico e institucional. Los
discursos en materia de política científica mencionan recurrentemente la
necesidad de incorporar la ciencia a la cultura general de la población
mexicana, pero en la práctica ni las instancias gubernamentales ni la comunidad
científica han desarrollado líneas de acción que cobijen la labor del
divulgador. Éste trabaja al amparo de apenas un par de instituciones públicas y
ocupa una gran parte de su tiempo en demostrar que la divulgación de la ciencia
es importante para la comunidad científica y para la sociedad. Se requiere de
un apoyo sustancial en cuanto a recursos humanos y económicos que proyecten y
ejecuten líneas de acción bien definidas que reconozcan la labor del divulgador
de la ciencia en México.
15:09
Emmanuel M Bernal (Eleodes)
La divulgación científica,es un disciplina que da a conocer o trasmitir el conocimiento científico a la sociedad, por ejemplo, National geographic, y Quo. El divulgador científico, es el que hace la divulgación científica, el se encarga, de traducir el lenguaje cientifico al lenguaje social se podría decir. Dentro de la historia de esta diciplina, ha habido obstáculos, en mexico la sociedad le saca la vuelta a esta diciplina, no se si es por falta de intereso o simplemente o por diferentes razones, nunca habido un interes social en mexico, por la divulgación cientifica
ResponderEliminarBien, tarea hecha
EliminarLa divulgación de la ciencia es una disciplina que acerca el conocimiento científico a la sociedad en general. Así como algunas revistas de contenido científico o museos de ciencia. En el caso de México existe una comunidad de divulgadores comprometidos que, desde hace décadas trabajan en instituciones civiles o educativas con los criterios brindados por Ana María Sánchez que define este quehacer como sigue: “La divulgación de la ciencia es una labor multidisciplinaria cuyo objetivo es comunicar el conocimiento científico a diversos públicos voluntarios, recreando ese conocimiento científico con fidelidad y contextualizándolo para hacerlo accesible y para lograrlo utiliza una diversidad de medios”. El divulgar la información científica sirve para combatir el analfabetismo científico ya que muchas personas no muestran interés a éste. Aunque cada país tiene sus objetivos con respecto a esto. Uno de los problemas es la abstracción y dificultad con respecto al lenguaje de la ciencia, ademas de que las personas evaden estos temas por considerarlos inútiles, complicados o aburridos. Muchos no consideran que el conocimiento científico sea parte de una cultura general.
ResponderEliminarBien, tarea hecha
EliminarLa divulgación científica es una diciplina con el fin de llevar el conocimiento científico a la sociedad. Lo hace un divulgador científico, esta persona debe contar con ciertas características y con alto conocimiento sobre el tema que va a compartir con la sociedad. La divulgación puede lograr ce atraves de diversos medios: Museos, Radio, Tele, Revistas, Exposiciones, Etc y en ciertos casos la divulgación es interactiva entre el divulgador y la sociedad.La divulgación científica sirve para reducir el Analfabetismo científico que existe. Algunos de los retos que enfrentan los divulgadores es que este empleo es muy poco remunerado, tampoco existe una carrera como tal entonces la gente no puede estudiar esto, por lo que si alguien quiere ser divulgador tiene que agarrar experiencia a partir de los cocimientos que ya conoce. -Jordy Velazquez
ResponderEliminarBien, tarea hecha
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEs una disciplina que acerca el conocimiento científico a la sociedad en general.
ResponderEliminarLos frutos de la investigación científica constituyeron un cuerpo sólido de conocimientos. La utilidad de los resultados y sus aplicaciones derivó en una imagen de la ciencia que la proyectaba como un medio para el progreso.
Los primeros pasos hacia un análisis sociológico de la ciencia permitieron enfatizar una de sus virtudes principales: su carácter de universalidad. El carácter de universalidad es uno de los principios fundamentales de la democracia. Sin embargo la universalidad del conocimiento científico se afirmaba contundentemente en la teoría pero se ignoraba en la práctica.
La responsabilidad del primer punto recae en la instrucción pública y la enseñanza formal de las ciencias. La divulgación de la ciencia se anuncia como uno de los promotores fundamentales para incrementar la cultura científica de un país.
¿Quién es el divulgador de la ciencia?
La divulgación de la ciencia es en sí misma una disciplina con una estructura definida y que requiere de ciertas habilidades por parte del que hace la divulgación. Es una demostración de habilidades intelectuales que invitan a un sector de la sociedad con interés escaso o nulo en la ciencia.
Bien, tarea hecha
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